Por qué tenemos un Crítico interior

Las voces interiores hacen parte de lo que llamamos Comunicación intrapersonal. Tanto a manera de Self-Talk (auto-charla) o a formar de Diálogo interno entre partes de nuestro ser, la verdad es que las personas estamos teniendo diariamente una conversación con nosotros mismos de una forma constante. Estas narrativa y diálogos interiores son muy importantes para nuestra psicología.

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La voz interior crítica puede considerarse como el lenguaje de un proceso defensivo que ocurre en el interior de la persona. Se ha definido como un sistema integrado de pensamientos y actitudes, opositoras hacia uno mismo y hostiles hacia los demás, que está en el centro del comportamiento desregulado de una persona. El concepto de “voz” no se restringe a los procesos cognitivos sino que generalmente se asocia con diversos grados de emociones como la ira y la tristeza. El término “voz” se utiliza para describir una forma de comunicación intrapsíquica que representa una división dentro del individuo entre las fuerzas que afirman la vida y las que son antagónicas al yo. “Escuchar” la voz, es decir, creer en sus prescripciones. y las prohibiciones de esta voz conducen a un comportamiento autolimitante y a consecuencias negativas. En otras palabras, las personas a menudo hacen que sus acciones se correspondan con los autoataques de su voz interna.

Ahora bien, las formas de autocrítica pueden separarse en dos componentes relacionados con: ser autocrítico, detenerse en los errores y sentirse inadecuado; y un segundo componente de querer lastimarse a uno mismo y sentir disgusto/odio hacia uno mismo.

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Cuáles son las funciones de la autocrítica?

Las razones/funciones de la autocrítica se han separado en dos componentes. Uno esta relacionado con los deseos de tratar de mejorar (llamado auto-mejora/corrección), y el otro con los deseos de vengarse, dañarse o lastimarse a sí mismo por fallas cometidas (llamado auto-dañarse/acosarse). Los análisis de es comportamiento nos muestran que querer dañarse a sí mismo puede ser particularmente patógeno y se genera por los efectos de odiarse a sí mismo y ser incapaz de tranquilizarse y centrarse en los aspectos positivos de uno. Conclusiones. La autocrítica no es un proceso único, sino que tiene diferentes formas, funciones y emociones subyacentes

Algunos investigadores* han encontrado que el grado de autocrítica en la infancia es un predictor del ajuste posterior. Y que la autocrítica se asocia con riesgo de depresión y malas relaciones interpersonales.

La autocrítica se asocia con sentimientos de subordinación e inferioridad y malas relaciones afiliativas con los demás. Los pensamientos y sentimientos de autocrítica pueden verse como formas de «acoso interno» que son estresantes.

La gente se refiere a su propia autocrítica como «una voz interior», y de hecho creemos que esta no es una experiencia poco común para algunas personas. Tales experiencias de autocrítica plantean la proposición de que debe haber una parte del yo que ‘hace’ la crítica y otra parte que ‘responde’ a ella, es decir, una interacción entre diferentes aspectos del yo . Los terapeutas de la Gestalt se han referido a esto como topdog-underdog. Los psicopatólogos evolutivos han sugerido tres proposiciones importantes que pueden iluminar tal relación. En primer lugar, los seres humanos han desarrollado competencias específicas para ser capaces de aprender, comprender y representar roles sociales (por ejemplo, de apego, amigo-enemigo, dominante-subordinado o sexual). En segundo lugar, estas competencias funcionan a través de sistemas cerebrales especializados y pueden verse afectados por hormonas y neurotransmisores específicos. En tercer lugar, las competencias de formación de roles que evolucionaron para coordinar roles sociales con otros externos pueden reclutarse para autoevaluaciones y pueden competir entre sí. Por lo tanto, por ejemplo, las competencias y comportamientos para dominar hostilmente a otros (asociados con la vigilancia de las violaciones de los subordinados, menospreciar a otros y lanzar amenazas), y aquellos para actuar como un subordinado amenazado (cumplimiento temeroso, apaciguamiento, sumisión y escape) pueden interactuar a nivel subjetivo (de uno mismo a uno mismo)

Existe evidencia clínica de que una relación de sí mismo dominante-subordinado puede, de hecho, ser actuada internamente (por ejemplo, con una parte del yo emitiendo amenazas y humillaciones vergonzosas mientras que otra parte del yo se somete y se siente golpeada).

Se ha demostrado que las autoevaluaciones y los sentimientos se derivan de esquemas interpersonales o relacionales interiorizados. Es decir que podemos asegurar que nuestras voces internas o ese monólogo interno que te acompaña no es tan tuyo como crees, es también la voz interna familiar y la voz (no tan interna) social.

Se ha visto que la autocondena o autocastigo tiene diferentes funciones, por ejemplo autocorregirse, protegerse de futuros errores y mantener los estándares, o despertar simpatía. También la autoinculpación y las autocríticas podrían surgir de los esfuerzos para tratar de mejorarse uno mismo y prevenir errores, de la frustración (un ataque contra uno mismo) o del odio hacia uno mismo. También podría ser una forma de evitar que el yo tome riesgos y mantenerlo en una posición subordinada.

Las formas y funciones del autoataque pueden reflejar (y adaptarse a partir de) competencias evolucionadas que regulan las relaciones externas que tenemos socialmente. Por ejemplo, los animales dominantes atacan y amenazan a los subordinados para obligarlos a comportarse de cierta manera; es decir, cumplir. En los animales, los ataques están diseñados para estresar a los subordinados y mantenerlos en un «estado de ánimo subordinado». Los padres pueden amenazar a sus hijos y castigarlos por errores o por “no esforzarse lo suficiente”. Pueden amenazar al niño señalando pérdidas, p. ‘Si no hace ‘‘X’’ o tiene éxito en ‘‘Y’’ nadie lo admirará; «no te vas a llevar bien en el mundo». Aquí, las amenazas y los ataques se utilizan para regular el comportamiento del niño (fomentar el cumplimiento), pero un padre puede afirmar que esto es por su propio bien (el del niño), de hecho suele hacerlo. Las personas que internalizan esta forma de autorregulación (dominante-subordinado) pueden decir que el autoataque y el castigo están dirigidos a corregir su propio comportamiento (‘Soy autocrítico para dejar de cometer errores’ o ‘por mi propio bien’), como un padre podría decirle a un niño. Es para evitar que sucedan cosas malas, siendo obedientes.

Aunque el autoataque suele activarse cuando las personas sienten que han fallado en tareas importantes, o si las cosas van mal, una respuesta alternativa al fracaso podría ser el apoyo propio o la compasión por uno mismo, para centrarse en lo que uno puede hacer para tratar de tranquilizarse a sí mismo, enfocándose en los aspectos positivos de uno y afrontando/resistiendo activamente. A esto se le llamó resiliencia y se ha encontrado por ejemplo que no importa cuán dura sea la autocrítica, los estudiantes con baja autocrítica tienen más resiliencia y pueden defenderse de sus propias críticas. Se cree que un niño adopta estas respuestas tranquilizadoras (en parte) a partir de cómo los padres se han comportado con él (cariñosos y no avergonzándolo) en momentos de fracaso y decepción; es decir, a través de la calidez y el afecto en las primeras relaciones.

Pero atacarse a sí mismo o a los demás no implica necesariamente un rechazo o un deseo de dañarse o destruirse a sí mismo o a los demás. Por lo tanto, también hay que explorar con más detalle las creencias de las personas sobre las funciones de su propio autoataque; es decir, lo que las personas ven como la(s) razón(es) para criticarse o atacarse a sí mismos, y cómo las justifican. Es decir para algunas personas las razones y funciones de la autocrítica/ataque son para la autocorrección, mientras que para otras, están dirigidas a dañarse a uno mismo, sentir disgusto y querer rechazar y deshacerse de partes del yo, es decir, partes del yo que se han vuelto como un ‘enemigo interno’.

Por Emma Sánchez

Referencias:

  • Piotr K. Oleś et. al. Types of Inner Dialogues and Functions of Self-Talk: Comparisons and Implications. Front. Psychol., 06 March 2020 | https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.00227
  • Gilbert. P. et. al. (2004) Criticizing and reassuring oneself: An exploration of forms, styles and reasons in female students. British Journal of Clinical Psychology (2004), 43, 31–50

Publicado por Emma Sánchez

Psicóloga que escribe, pinta sus voces internas, lee en voz alta, estudia Creación Literaria, lidera talleres de Creatividad Terapéutica y respira en bosques haciendo Forest Therapy.

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