El arte como posibilidad de ser

Ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que he escuchado a las personas decir que no tienen talento. Yo también me lo dije muchas veces. ¿Y qué es el talento? ¿Cuáles son las consecuencias de que nos persuadamos a nosotros mismos de que hay algo llamado así que nos permite o nos prohíbe hacer algo? Desde mi perspectiva me gusta mirar al arte como posibilidad de ser. Desde que el hombre es hombre hace arte.

El arte es una actividad humana única. En esta actividad el ser humano expresa, recrea, representa aspectos de la realidad externa e interna de una forma en que se sirve de la materia, la imagen, el sonido, el cuerpo. El arte tiene una finalidad comunicativa, y aunque mucha de su significación tenga relación con la estética, la verdad es que la idea de estética en el arte se expande y se transforma dándole su prioridad al valor comunicativo del arte.

El problema que tengo con la idea del talento para el arte tiene que ver con la creencia de que el talento es una aptitud o capacidad para hacer algo que ya está dada en el individuo, y que es la que debería determinar si alguien debo o no dedicarse a algo. Como si en una imaginaria repartición antes de nacer, a un niño le hubieran dado 100 grs. de talento musical y al otro 200 grs. de talento para las matemáticas, y ese hecho debería determinar el camino de un músico y un matemático inexorablemente. Esto nos ha hecho asociar la idea de talento a una capacidad que se da sin esfuerzo. Y aunque si bien el talento remite a una aptitud especial, esto no tiene que derivar en esta idea que usualmente se genera: es mejor que solo hagas las actividades para las que tienes talento. Es como decir que si no te sale naturalmente y sin esfuerzo una voz armoniosa al cantar, mejor ni cantes. ¿Por qué? porque no tienes el don especial de nacimiento para ello.

Vivir la idea con esta mentalidad le ha costado emocionalmente a muchos. Nos ha hecho miopes ante la realidad de nuestro desarrollo de las diversas inteligencias que poseemos. Nos ha vuelto frágiles e inseguros. Así he descubierto cómo el arte es un catalizador de cambio, un expansor de mentalidad, un difusor de placer, alegría, sorpresa, simbolismos y metáforas propias que permiten sanar, conectar y transformar. ¿Por qué? Creo que particularmente por su esencia de libertad. La creatividad es la semilla del arte, y la creatividad es libertad, liberación en acción. En esta semilla se alberga la capacidad para pensar, para curiosear, para ver desde otra perspectiva, para soñar. ¿Qué mejor motor para cambiar? La sola actividad de permitirte el arte implica que te permitas ser. Y esa posibilidad, en un mundo que nos restringe tanto, vale oro.

Por Emma Sánchez

Publicado por Emma Sánchez

Psicóloga que escribe, pinta sus voces internas, lee en voz alta, estudia Creación Literaria, lidera talleres de Creatividad Terapéutica y respira en bosques haciendo Forest Therapy.

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